viernes, 26 de noviembre de 2010

Ocho de marzo

 
 
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.
Gioconda Belli

Sector de Mujeres exige prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres en Guatemala

 El Estado y sus instituciones deben cumplir con la obligación de generar bienestar para las mujeres, según la declaración política elaborada por el Sector de Mujeres, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres.

De acuerdo con el documento, la violencia contra las mujeres es una expresión de dominio y opresión que las sociedades patriarcales, capitalistas, racistas y lesbofóbicas ejercen sobre las mujeres, limitando sus posibilidades de desarrollo, el pleno ejercicio de sus derechos y de su ciudadanía.

Según la entidad, el Estado debe promover acciones que garanticen a las mujeres decidir sobre sus propios cuerpos, además de trabajar en la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, a través de la generación de campañas de formación, educación y apoyando a las organizaciones actúan en ese marco.

El Sector de Mujeres demandó el respeto del territorio de la población femenina guatemalteca, especialmente lo que concierne a la exploración y explotación minera en las comunidades, pues se expresa como una forma de agresión contra la Madre Tierra y la relación que existe con y para las mujeres.

La agrupación exigió al Congreso de la República emitir un dictamen favorable a la propuesta de Reformas al Código de Trabajo en lo relativo al trabajo de casa particular, trabajadoras agrícolas, ganaderas y de maquila.

El documento subraya la importancia de fortalecer el accionar del Organismo Judicial para que las mujeres puedan acceder a la justicia, a través de la modificación de la carrera judicial para que exista atención de calidad para las mujeres.

El Sector demandó la aplicación de la Ley Contra el Femicidio y otras formas de Violencia contra las Mujeres en los espacios laborales, para impulsar su erradicación y sanción.

Las integrantas de la organización que trabaja a favor de los derechos de las guatemaltecas indicaron la necesidad de promover el acceso a la salud y a sus servicios integrales con calidez y calidad para mujeres trabajadoras sexuales.

Finalmente, el Sector de Mujeres exigió la aprobación de presupuestos adecuados para garantizar la vida de las mujeres que viven con VIH y sida, además de promover la implementación del protocolo de Atención a Mujeres Sobrevivientes de Violencia Sexual e incorporar en el Currículo Nacional Base la educación sexual integral, científica, laica y gratuita desde una visión no sexista. 


Fuente:  www.cerigua.org

martes, 23 de noviembre de 2010

Guatemala. Secuelas en mujeres violentadas



Alba Trejo


Síndrome de Estocolmo doméstico, conductas compulsivas, vergüenza y congelamiento emocional son, entre otras, las secuelas psicológicas que los expertos han detectado en las guatemaltecas víctimas de la violencia intrafamiliar.
Tras un largo historial de agresiones, los psicólogos reconstruyeron la historia personal de al menos 250 mujeres agredidas y detectaron en ellas unas 30 formas de comportamiento negativo en su personalidad, entre estas, la autoestima negativa, la necesidad de controlar la conducta de otras personas, profundos sentimientos de incapacidad o dificultad de adaptación.

Las conductas de las atacadas fueron identificadas por el grupo de expertos de la gubernamental Fundación de Sobrevivientes de Guatemala, que analizaron a las mujeres que van hasta ese lugar para recibir ayuda, tras haber vivido en un hogar donde predominaban los golpes, las violaciones sexuales y las agresiones verbales.

Esta institución, que también apoya a las familias de las víctimas del feminicidio, es dirigida por Norma Cruz, quien indicó a SEMlac que la lista de secuelas se determinó tras un año de acercamiento a las agredidas, debido a que la gran mayoría repetía patrones similares de conducta.

Cruz comenta, además, que esas marcas psicológicas se encuentran, también, en las y los niños que han presenciado violencia intrafamiliar o el momento en que su madre era asesinada por su propio padre y ellos intentaron ayudarla.

En Guatemala, la situación de violencia intrafamiliar es un asunto grave. Por ejemplo, la Fiscalía de la Mujer del Ministerio Público advierte que a ese lugar acuden, al menos, 15 mil mujeres al año a denunciar que sufren de violencia doméstica, mientras que la Procuraduría de los Derechos Humanos reporta al menos 3 mil 583 niños y niñas maltratados dentro de sus hogares.

Esa cifra es pequeña, sin embargo, si se toma en cuenta que existe un subregistro debido a la cultura patriarcal que predomina en esta sociedad, indica Hilda Morales, del Grupo Guatemalteco de Mujeres.

Las guatemaltecas violentadas en sus propios hogares sufren incluso irritabilidad constante y depresión. El problema se agrava porque, cada vez, el número de mujeres lastimadas aumenta, señala Norma Cruz.

Un estudio sobre el perfil de la víctima de asesinato realizado por la Fundación de Sobrevivientes de Guatemala, que igualmente se acerca al agresor, concluye que en las guatemaltecas predomina el Síndrome de violencia doméstica. Las víctimas se autoculpan, guardan silencio sobre el maltrato, justifican cualquier golpe racionalizando los motivos de su agresor y apelando al vínculo afectivo que les queda.

Eso las puede llevar, incluso, a la muerte, porque ya ni se defienden del agresor, indica el documento.

El congelamiento emocional detectado en las mujeres violentadas de este país es otra de las conductas que prevalece en el comportamiento de las agredidas por sus parejas.

Cruz dijo a SEMlac que cada víctima recibe un promedio de 15 a 24 terapias psicológicas y la gran mayoría logra incorporarse a la vida normal después de haberse sometido a esos tratamientos.

Cristina Azurdia, del ministerio de Gobernación, señala que de 183 casos de muerte de mujeres con extrema violencia, 82 por ciento tenía un historial de violencia intrafamiliar y 10 por ciento ha sido asesinada por sus ex parejas o cónyuges.


Incluso -añade- no existe un sólo departamento, de los 22 que conforman el país, en donde no se registre muerte de mujeres; y advierte que el arma de fuego es el medio final que el agresor utiliza, después de golpear y violentar a su víctima, para asegurarse de dejarla muerta.

La Red de la No Violencia contra la Mujer reporta que ya suman 3 mil 500 las asesinadas brutalmente de 2000 a 2007. Carlos Castresana, jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), advierte que esta nación ocupa el tercer lugar en asesinatos de mujeres en el mundo —precedido por México y El Salvador— y que la impunidad con la que se cometen esos crímenes alcanza el 98 por ciento.

Según el jefe de la CICIG, se ha conseguido resolver el dos por ciento de los casos de crímenes contra mujeres de las casi 2 mil víctimas registradas entre 2005 y 2007, lo que le hace pensar que se trata de niveles epidémicos contra ellas, sólo por el hecho de ser mujeres.

Las estadísticas reflejan que los actos cometidos por violencia intrafamiliar se logran resolver en menor medida, aunque se trate de un crimen anunciado, pero los casos donde los sindicados no pertenecen al entorno familiar están en la completa impunidad.
La ley contra el feminicidio, implementada en abril de 2008, castiga con penas severas e irrefutables el asesinato de mujeres y la violencia física, sexual y sicológica. En el caso de asesinato, con prisión de 25 a 50 años al agresor, y por las diferentes formas de violencia, con cárcel de cinco a 12 años.

En Guatemala, las mujeres constituyen el 51 por ciento de los 14 millones de habitantes; sin embargo, han estado excluidas históricamente de los beneficios del desarrollo, particularmente las residentes en el área rural.


Fuente:  www.mujereshoy.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

CONCENTRACION POR EL DIA DE LA NO VIOLENCIA CONTRA LA MUJER!

Dia: 25 de Noviembre de 2010
Hora: 10:00hrs
Lugar: Plaza de Ciudad Vieja Sac

Organizan LAS  ENREDADAS!

TODAS Y TODOS BIENVENIDAS Y BIENVENIDOS!!!

Mujeres Empoderadas



En algún lugar dentro de nuestra mente, incluso de nuestro corazón, habita otra versión de nosotras mismas, ¿lo has pensado? Una versión de mujeres más felices, seguras, decididas, maduras, activas, voluntariosas, empáticas, asertivas, triunfadoras, informadas, instruidas, independientes económicamente, líderes... es decir, empoderadas. Las mujeres empoderadas son aquellas que han tomado el mando de su propia vida. ¿Eres así, o te has imaginado así?

Empoderarnos es aumentar nuestro poder y tomar control sobre las decisiones y problemáticas que determinan nuestra vida. Este poder que menciono está directamente relacionado con la categoría de género, con la equidad e igualdad de la mujer y del hombre en cuanto al acceso a los recursos y oportunidades. No se trata de un poder-dominación (estamos hartas de él), sino de un poder-hacer, de un poder-desde dentro. El poder al que me refiero no es dominación, porque ésta sin duda está relacionada con la violencia.

Además te quiero decir que ese poder no tienes que buscarlo por todos lados, simplemente porque ya lo llevas dentro de ti. Sí, así es. Es parte de tu ser, es intrínseco a tu existencia. ¿Por qué rechazarlo, huirle, temerle? ¿Por qué negar que se desea el poder, ese poder de ser quienes queremos ser, ese poder de hacer que nuestro mundo sea diferente, y que esa diferencia signifique avance, evolución, mejoría?

A ese poder podemos llamarle también autoestima. Pero no te vayas con la idea equivocada de ésta. No significa quebrar tu tarjeta de crédito vaciando tiendas de ropa, perfumes y zapatos; ni estar cinco horas en un salón de belleza cada tercer día creyendo que la cantidad de dinero que gastes es la medida de tu autoestima.

La especialista en políticas en género y participación, Joanna Rowlands incorpora al concepto de empoderamiento un modelo a partir de las dinámicas de poder de género. Ella habilita las cuatro clases de poder de Lukes: poder sobre, que es la habilidad para que una persona o un grupo haga algo en contra de sus deseos, esta es la concepción negativa donde alguien gana y otro pierde. El segundo es un poder para, que es el poder implementado para estimular las actividades de otros; poder con, que es un poder sumatorio de poderes individuales; y poder desde dentro, que es aquel que está en cada persona.

A partir de los argumentos anteriores ella deduce que el empoderamiento puede ser modificado en tres dimensiones: la dimensión personal, que consiste en desarrollar el sentido del ser, la confianza y las capacidades individuales; la dimensión de las relaciones cercanas, para desarrollar la habilidad para negociar e influenciar la naturaleza de las relaciones del ámbito cotidiano; y, por último, la dimensión colectiva, donde se trabaja en conjunto con otras y otros para lograr un mayor impacto y cambios significativos.

El empoderamiento de este modo -dice- tiene que ser más que la simple apertura al acceso para la toma de decisiones, pues debe incluir también procesos que permitan a las mujeres -de manera individual o en grupo- tener la capacidad de percibirse a sí mismas como aptas para ocupar los espacios de toma de decisiones y de usar dichos espacios de manera efectiva. Por eso no le temas al poder, al proceso de empoderarte; de apoderarte, apropiarte de ti misma y tu vida. Sé una mujer con voluntad. La voluntad es el poder de decir ”yo quiero”, “yo decido”.

Tienes que fortalecer tus dimensiones de las relaciones cercanas para poder además llegar a la dimensión colectiva, necesaria en la conquista de nuestros derechos; incrementar la propia autoconfianza en la vida e influir en la dirección del cambio. Cuando te empoderes, cuando cada una lo logre, podremos crear poderes no dominantes a través de la transformación de las relaciones sociales. Pero sin duda, tienes que comenzar por trabajar en tu dimensión personal, en la confianza y tus capacidades individuales; en tu autosuficiencia económica, en tu crecimiento intelectual; en tu poder intrínseco de ser y hacer... ¡Empodérate!



Fuente: www.ovariofuerte.com

El "postmachismo" se revuelve

 Ha llegado a la calle el eco del debate político y mediático sobre si se está yendo demasiado lejos en la lucha por la igualdad en nuestro país. Las mujeres van avanzando poco a poco en el logro de sus derechos; ellos, algunos, se sienten intimidados, en ciertos casos incluso amenazados.

 De cualquier forma, hay que mirar con optimismo y perspectiva el futuro, el logro de la igualdad, del mismo modo que cualquier otra lucha liberadora –por los derechos laborales, contra la segregación racial, contra el colonialismo y la arbitrariedad– conlleva dolor y sufrimiento. Es el precio que hay y que habrá que pagar; no hay que olvidar que el de las mujeres es el más sangriento.

Antes de finalizar el siglo XX sólo se conocían dos posiciones respecto a la violencia de género. Una era la de quienes la habían definido y conceptualizado, como Kate Millett, sin cuya tesis doctoral, escrita en 1963 y que recogía la frase “lo personal es político”, muy probablemente hoy, en nuestro país, no nos encontraríamos a la vanguardia en la lucha por la igualdad con leyes que son referencia en más de 52 países. Antes de 1997, sólo las organizaciones feministas y de mujeres enfocaron el problema y empezaron a darle solución. Seguían la estela de las radicales de Boston, que abrieron la primera casa de acogida hace 37 años: hoy nadie se sorprende cuando ve que son las instituciones, sin distinción de partidos, las que subvencionan los cientos de casas de acogida para mujeres maltratadas que hay en España. La segunda posición frente a la violencia de género era la del resto de la sociedad, incluidas las propias mujeres maltratadas, que no sabía del fenómeno porque aún no se había nombrado públicamente; por eso, incluso durante los primeros 20 años de democracia, los poderes públicos se desentendieron de todas las mujeres que sufrían violencia por parte de hombres protegidos por las leyes existentes, diseñadas con arreglo a las ideas, intereses y necesidades masculinas.


Pero el mito cayó y debemos felicitarnos porque se esté visibilizando la desigualdad, la discriminación y las relaciones de poder que ejercen muchos hombres contra sus compañeras. Ante esta realidad, la sociedad tiene que tomar posición respecto a este problema. Por una parte, sigue vigente el estado de alerta de las asociaciones de mujeres, a quienes acompañan las instituciones, conscientes de la gravedad del problema y de la necesidad de intervenir para paliar los efectos de la violencia masculina y prevenirla (en este sentido, la educación y los medios de comunicación son fundamentales) con el objetivo de desactivarla en el menor plazo posible, que muy probablemente será, por su carácter estructural, más a largo que a corto plazo.


El resto de la sociedad, incluso sectores preparados e informados, ha sufrido una gran convulsión al detectar que algo que afecta a las mujeres pueda concitar tanto interés en las agendas mediática y política, siendo, además, ese algo un asunto en el que está comprometido el buen nombre de tantos hombres que hasta ahora eran considerados buenos por el solo hecho de ser hombres.


La visibilización del maltrato masculino ha caído sobre la mayoría de las mujeres que se acercan al problema como una realidad incuestionable. La gran mayoría, muchas veces conocedora de relatos hasta entonces inconfesables, se sitúa al lado de las mujeres y manifiesta el desprecio por los delincuentes. No se puede negar que el rechazo a este delito ha trascendido, entre muchas mujeres, las diferencias de partido. También en este grupo se encuentran muchos profesionales que, de una u otra forma, se han interesado o involucrado en la resolución de este problema y empiezan a ser conscientes de los efectos perversos del control y dominio masculinos.


Pero hay una parte no desdeñable de hombres, significativa porque se hacen oír a golpe de artículos y piezas en los medios y a través de comentarios virtuales, hostiles e insultantes contra las mujeres, que se están moviendo para entorpecer el proceso. Entre ellos se encuentran maltratadores todavía no descubiertos (recordemos los dos millones aún no denunciados); personajes que después de un primer momento de estupor, cuando no daban crédito a lo que veían y oían (se empezó a hablar de mujeres maltratadas cuando muchos de ellos las venían sometiendo con total impunidad y naturalidad desde hacía décadas) se han visto obligados a diseñar otro tipo de estrategia más eficaz que la burda negación del problema. Son quienes han diseñado la ofensiva del “sí, pero no”. Admiten que hay bárbaros machistas, abusadores viles, que merecen un castigo (ya no es posible, al menos en España, negar los daños más cruentos), pero reducen tanto las cifras, que se trataría, según ellos, de un problema menor, “de una violencia más, como otras muchas; ni más ni menos”. Dicen defender a esas “pocas” mujeres que, por culpa de las medidas actuales, no pueden ser protegidas por la cantidad de recursos distraídos hacia las que, dicen ellos, fingiendo y poniendo denuncias falsas, acaparan los medios disponibles. Es un sector minoritario pero cada vez más presente, cuyo objetivo consiste en desactivar y entorpecer el camino de la igualdad en el que muchas mujeres y cada vez más hombres, se están involucrado.


No estamos yendo demasiado lejos; sólo los delincuentes que utilizan la violencia van demasiado lejos. Hay hombres que entienden y defienden la lucha de las mujeres. Ojalá sigan confiando en la justicia de sus reivindicaciones. Y que las manifestaciones que empiezan a verse de postmachismo no pasen de ser una excepción.

Fuente:  http://www.observatorioviolencia.org/opiniones.php?page=1&id=125

viernes, 19 de noviembre de 2010

Alda Facio, jurista y experta en temas de género y derechos humanos: “No alcanza con un sistema de cupo”


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Mariana Carbajal / Página 12
Al hacer un balance de las tres décadas de la Convención de la ONU contra la discriminación de la mujer, la jurista costarricense advierte sobre la “discriminación indirecta” hacia las mujeres, que persiste en las sociedades latinoamericanas. Lo que se logró; lo que falta hacer.

Es imposible no fijar la vista en sus anteojos: tienen marco turquesa y patillas verde fluorescente. El cabello corto y gris plata, a fuerza de canas que no pretende disimular, es otro de sus sellos distintivos. Está claro que la jurista costarricense Alda Facio busca romper con los estereotipos de género. Y predica con el ejemplo. Pero tiene otras singularidades: es una de las mayores expertas en temas de género y derechos humanos de las mujeres a nivel regional e internacional, y conjuga una extensa trayectoria en el campo de la academia y del activismo en el movimiento de mujeres latinoamericano.
En una entrevista con Página/12, Facio advirtió que aunque en los libros de texto escolares se hayan ido eliminando los roles estereotipados de mujeres y varones, todavía “en las cabezas de las maestras se siguen repitiendo”. Señaló que los medios de comunicación tendrían que “autocensurarse” y dejar de difundir “publicidades sexistas” y consideró que los diarios que incluyen avisos de prostitución “están favoreciendo a los explotadores sexuales y abusadores sexuales”. Además, hizo un balance de la aplicación en la región de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer, conocida por su sigla en inglés, Cedaw, de la que se acaban de cumplir tres décadas desde su adopción.
Facio es directora del Programa Mujer, Justicia y Género del Instituto Latinoamericano de la ONU para la Prevención del Delito (Ilanud), con sede en Costa Rica. Estuvo de visita en Buenos Aires, para participar del seminario “América Latina y El Caribe celebra los 30 años de la Cedaw”, que tuvo lugar en el Palacio San Martín, convocado por analizar los avances y desafíos en torno del tratado internacional más importante en materia de igualdad entre los géneros. Del encuentro participaron algunas de las más destacadas especialistas en la temática de la región (ver aparte).
–¿Qué balance hace de los 30 años de la Cedaw?
–Estamos avanzando muchísimo en la comprensión de lo que es la discriminación hacia las mujeres. Antiguamente se pensaba sólo en la discriminación directa: cuando las mujeres no podían estudiar tal carrera o no podían trabajar en determinado ámbito. En nuestra región no hay discriminación directa, prohibiciones concretas. Pero hemos visto que aun quitando las legislaciones y las políticas que imponen ese tipo de discriminación hacia las mujeres, persiste la discriminación indirecta, que es debida a la histórica desigualdad entre hombres y mujeres y a que los estándares en las políticas y leyes siguen siendo masculinos.
–¿Cómo se manifiesta?
–En la mayoría de los países estaba penalizado el adulterio para las mujeres, pero en el caso de los hombres, tenían que cometer concubinato escandaloso, tener una casa con una amante, pero no se castigaba el acto sexual en sí fuera del matrimonio. Ese tratamiento diferencial se eliminó. Pero los jueces y juezas interpretan en forma diferente el adulterio según quién lo cometió: en el caso de los hombres, se mantiene la idea de concubinato escandaloso; en cambio, si es una mujer, se considera que lo realizó con sólo pruebas circunstanciales. Otro ejemplo es la participación política: las mujeres tienen que hacer esfuerzos mucho más grandes para llegar a los mismos puestos y, una vez que llegan, se encuentran con que los hombres hacen arreglos políticos en los bares, jugando al golf, fuera del área del Congreso. Las mujeres, aunque tengan una empleada en su casa, tienen que administrar el hogar: se ha visto que las mujeres que están en cargos políticos no tienen la misma facilidad para ejercerlos que los hombres.
–¿Cómo se puede cambiar esa lógica?
–No se pueden lograr cambios con modificaciones compartimentadas. No alcanza con un sistema de cupo o cuotas para las mujeres. Si no se cambian los roles y los estereotipos en la educación, y esta división sexual del trabajo dentro del hogar, entonces la participación política de las mujeres tampoco se va a dar en igualdad de condiciones. La Cedaw habla de eso: en su artículo 5º la Convención obliga a los Estados a cambiar esos estereotipos, es decir, la idea que tienen las personas de lo que es correcto para un hombre y adecuado para una mujer. Y eso es lo que los Estados no han hecho todavía. En algunos se han cambiado los libros de texto con los que aprenden a leer los niños y niñas, en los que se mostraba al papá leyendo el periódico y a la mamá preparando tortillas. Ese tipo de roles tan divididos y diferentes se han ido eliminando de los libros de texto, pero en las cabezas de las maestras se siguen repitiendo. Entonces hay que redoblar esfuerzos. Los medios de comunicación contribuyen muchísimo al mantenimiento de esos estereotipos.
–¿Cómo podrían los medios de comunicación contribuir en la lucha contra la discriminación hacia las mujeres?
–Los medios de comunicación podrían autocensurarse y no tener una publicidad tan sexista como la que hay ahora. Creo que ha repuntado aún más la idea de usar una mujer para vender una batería de un auto, una computadora o cualquier objeto.
–La mayoría de los diarios ganan importantes sumas de dinero con avisos de servicios sexuales que encubren situaciones de trata de mujeres para explotación sexual e incluso de abuso sexual de menores de edad...
–Es un mal entendimiento de lo que son la libertad de expresión y de prensa, que son muy importantes. No estoy promoviendo la censura. Pero la libertad de prensa tiene que ir acompañada de la responsabilidad de informar correctamente, sin parcializarse a favor de un grupo. En el caso de los avisos de servicios sexuales simplemente favorecen a los explotadores y abusadores.
–¿Cuáles son los desafíos pendientes en cuanto al cumplimiento y la aplicación de la Cedaw?
–Uno de los restantes es que todavía falta más comprensión por parte de funcionarios y funcionarias, como de la sociedad civil, de lo que significa la igualdad y cómo sí se puede vivir en igualdad. Porque la gente muchas veces tiene miedo y cree que la igualdad significa tratar a las mujeres como si fueran hombres, y no se dan cuenta de que están partiendo de un estándar masculino. Si para tener libertad de tránsito tengo que comportarme como hombre, eso no es igualdad, eso es discriminación. Si yo tengo que cambiar mi esencia, mi forma de ser, para gozar de algún derecho, eso es discriminación. La eliminación de la discriminación exige trato diferente para personas que están en posiciones diferentes. Hay que entender que no importa tanto el trato, sino cuál es el resultado de ese trato, de esa ley, de esa política. Si una ley de cupo tiene como resultado que haya más mujeres en los puestos de decisión política, entonces es una buena política. Si no hubo cambios, hay que repensarla. Hay que entender la igualdad pensando que se trata de igualdad en el goce de los derechos.
–¿Cambió el concepto de igualdad desde que se pensó la Cedaw hasta la actualidad?
–Sí, mucho. Cuando comenzó a funcionar el Comité de la Cedaw se decía que la mujer con más educación, con más fortaleza podía llegar a gozar de todos los derechos. Se hablaba del avance de las mujeres. Ya usar esa palabra, avance, le está diciendo que usted es la que está retrasada y tiene que avanzar. Ahora, en cambio, se señala que los Estados tienen una responsabilidad en buscar eliminar todas aquellas formas de discriminación que persisten y también tomar medidas para moverse en la dirección de la igualdad.
–¿Cuáles son los delitos que afectan en mayor medida a las mujeres en la región?
–Todos los que tienen que ver con la violencia sexual, que van desde la violación hasta los piropos en la calle.
–¿Los piropos?
–Son una forma de hostigamiento sexual que se vende más bien como si fuera algo bonito y bueno para las mujeres, pero que en realidad no deja caminar libremente: usted va pensando en su trabajo y un hombre pasa diciéndole piropos y la perturba y la saca de lo que tiene que hacer. Es una forma de agredir.
–¿Aunque el piropo sea lindo?
–Claro. Si les dijéramos frases bonitas a ellos no les gustaría. Casi siempre cuando una acción es unidireccional, no es buena para las mujeres. Por otra parte, estamos viendo mucha violencia física y psicológica de parte de hombres hacia sus parejas, en el matrimonio, en los noviazgos, posmatrimonio. También muchos femicidios. En Guatemala las cifras son altísimas. Hay muchas mujeres que son violadas, torturadas y asesinadas por ser mujeres. La violencia contra las mujeres tiene generalmente un grado de ensañamiento erótico, por llamarlo de alguna forma. La trata y el tráfico de mujeres están aumentando muchísimo. Es un problema que difícilmente puede solucionarlo un Estado en forma aislada. Debe enfrentarse a nivel internacional.

Fuente:  www.insurrectasypunto.org